Juan 1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres

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Juan 1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres

Mensaje por miki7312 el Vie Ago 13, 2010 4:01 pm

Para compartir con ustedes mis hermanos un estudio bíblico de un hermano llamado "Regino" el cual se tomó el trabajo de mandarmeló al mail, muy interesante y conciso. Muy especial la enseñanza que deja, para pensarla. Gracias Regino!!!

Muchas personas están inquietas y perturbadas por la aparente lejanía de Dios. Les parece distante y se imaginan que no tiene ninguna preocupación por lo que acontece aquí en la tierra. Creen que Dios los creó, pero que inmediatamente los abandonó. Les parece muy lejano, reservado e irreal. Se unen a Job en el grito: "¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! ¡Yo iría hasta su silla!» (Job 23: 3). Este concepto equivocado acerca de Dios es el que el apóstol Juan hace añicos en su Evangelio. En el prólogo enfatiza de tres maneras el hecho de que Dios vino al mundo.

Primero: Dice que Dios vino al mundo. Pero no caigamos en el gran error de pensar que la primera vez que Dios vino al mundo fue en ocasión del nacimiento de Jesús. No. Él vino al mundo y nunca lo abandonó. Él es la luz verdadera que alumbra a todos los hombres: «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (Juan 1: 9). Dios siempre ha estado en este mundo para dar a todos los seres humanos vida y luz. Si Dios no estuviera aquí, ya no viviríamos o estaríamos en completa oscuridad. Es más, estaríamos muertos porque solo él tiene luz y vida. Desde la fundación del mundo siempre estuvo aquí dando luz y vida a su creación. Cada cosa hermosa, buena y verdadera que hay en el mundo nos pertenece a través de Jesucristo. Ningún ser humano, por hundido que se encuentre, es dejado en completa oscuridad.

Segundo: Él vino al mundo porque es suyo; es su creación, su propiedad. Vino a encarnarse para rescatarla. «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron». El que había venido en forma velada, vino en persona, en carne, abierta y públicamente. El Verbo eterno se hizo carne y «habitó entre nosotros». Vino como ser humano. La tragedia es que el mundo no lo reconoció.

Tercero: Todavía sigue viniendo. Nos visita a través del Espíritu Santo: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1: 12).

Y podríamos añadir un cuarto punto: Tenemos la gloriosa promesa: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).

Gózate!, tienes un Dios que está aquí, dentro de ti. Un Dios que te acompaña de día y de noche. Ama y sirve a tu Dios.
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